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Uruguay: Incongruencia del gobierno brasileño

23/10/2017

El segundo bloqueo de los lácteos uruguayos muestra el poco peso que tiene internamente el presidente Temer.

En países serios y ordenados la función de los secretarios de Estado es obedecer y ejecutar las decisiones del presidente. No parece ser el caso en Brasil, donde el ministro del agro, Blairo Maggi, dejó en posición desairada a su presidente al frenar por segunda vez el ingreso de lácteos uruguayos, pese a la promesa de Michel Temer al presidente Tabaré Vázquez de dejar sin efecto la prohibición. Es cierto que las relaciones entre gobiernos y países se guían casi siempre por los intereses de cada parte, aunque perjudiquen a los demás y violen normas acordadas y profesiones de buena voluntad. Pero suele existir al menos cierta coherencia interna en los gobiernos, que ha estado ausente en este caso.

Maggi desató el nuevo desaguisado en las azarosas relaciones bilaterales cuando bloqueó la entrada de nuestros lácteos días atrás. Argumentó que Uruguay importaba leche de otro país y la exportaba como de origen local, en una triangulación prohibida por el Mercosur, y que ponía en desventaja competitiva a los productores locales. Ambas excusas son ridículas. Por un lado, Uruguay ya le demostró a Brasil en una videoconferencia que no triangula. Y por otro, la leche uruguaya representa apenas el 0,4% del consumo brasileño total, por lo que mal puede incidir en los precios internos. La razón verdadera fue la presión proteccionista de los productores brasileños.

Uruguay tomó la justa represalia inmediata de impedir el ingreso de camiones con productos brasileños, mientras iniciaba urgentes gestiones diplomáticas. Culminaron con la promesa personal de Temer a Vázquez de que suspendería el bloqueo a los lácteos, con lo que nuestro gobierno dio por cerrado el entuerto. Pero nadie contó con lo que, en el mejor de los casos, es desarreglada incongruencia interna en el gobierno brasileño por debilidad presidencial y, en el peor, duplicidad lisa y llana. Por segunda vez, Maggi acaba de bloquear el ingreso de lácteos, al tiempo que postergó la venida a Montevideo de una misión técnica que iba a dar las últimas puntadas al arreglo sin demora que Temer le aseguró a Vázquez.

Su promesa hasta pareció dejar atrás la hostilidad que habían generado los errores diplomáticos de nuestro gobierno por su defensa de la dictadura venezolana, a contrapelo de los otros socios del Mercosur, y por su rumbosa bienvenida oficial a Dilma Rousseff después de su destitución. Pero no había de ser. Es evidente que a Brasil nada le importan las normas vigentes del Mercosur sobre trasiego de bienes ni un compromiso asumido por su presidente.

Obviamente, Uruguay no puede prescindir de Brasil, que sigue siendo nuestro segundo mercado mayor de exportación después de China. Como nación pequeña e irremisiblemente atada a nuestros vecinos en muchas áreas, solo nos queda negociar con habilidad, aprovechando que la legalidad mercosureña está de nuestro lado, para evitar las injusticias con que asiduamente nos castigan. Pero no estaría de más que, adicionalmente, el gobierno fuera más cuidadoso en acompasar su política exterior a posiciones razonables de los otros tres socios del Mercosur, dejando de lado errores inducidos por anacrónicos arrestos ideológicos que nunca pueden tener precedencia sobre el comercio, pilar irreemplazable del desarrollo

Fuente: El Observador

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