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Estrategias para mitigar el estrés por calor en los tambos

05/01/2018

Para predecir los momentos en los cuales los animales se ven afectados por el calor, se ha creado el índice de temperatura y humedad (ITH), que combina ambas variables.

 

Se asume que un ITH de 72 es el umbral por encima del cual la producción de leche se ve afectada. Sin embargo, la utilidad de este índice es limitada para la situación presente en la Argentina, ya que el mismo fue creado en el Hemisferio Norte para condiciones de galpón (donde, por ejemplo, la velocidad del viento y la radiación directa no fueron tenidas en cuenta).

Las distintas actividades fisiológicas del animal producen calor, desde los desplazamientos hasta los movimientos gastrointestinales y la fermentación microbiana del rumen.

Cuando el animal se ve expuesto a temperaturas demasiado altas pone en marcha diversos mecanismos fisiológicos y comportamentales que intentan disminuir la producción de calor y, a su vez, mitigar el exceso.

Uno de los primeros mecanismos puestos en marcha es la reducción del consumo de materia seca, que puede caer hasta un 30%, con el consecuente impacto en la producción de leche.

Otra de las formas por la cual el animal reduce la cantidad de calor emitida es a través de cambios hormonales que determinan de qué forma es utilizada la energía obtenida del alimento.

Eso determina, por ejemplo, que la cantidad de glucosa que llega a la glándula mamaria disminuya para que la producción de leche se vea afectada por una disminución en la síntesis de lactosa (principal soluto de la leche que determina el volumen producido).

Entre los mecanismos para disipar el calor o disminuir el incremento calórico también podemos contar el jadeo, disminución de la actividad, mayor consumo de agua, agrupamiento (los animales tienden a buscar sombra sobre sus cabezas), aumento de la transpiración, etcétera.

Entre las consecuencias indirectas de estos mecanismos la mayor probabilidad de acidosis es, sin duda, uno de los problemas más graves. A este problema hay que agregar que los animales tienden a realizar comidas más largas y menos frecuentes, es decir, que la entrada de nutrientes al rumen es mayor durante periodos cortos de tiempo.

Otra característica de los animales estresados es que tienden a reducir el consumo de fibra a través de una mayor selección, con lo cual el consumo de fibra efectiva también se ve disminuido y con ello, la actividad de rumia. Dicho de otra forma, desde el punto de vista de la acidosis tenemos un escenario de "tormenta perfecta".

Mitigar el estrés por calor

Existen diversas formas de mitigación del estrés por calor. Las más comunes están relacionadas con el manejo del ambiente: sombras naturales y artificiales, ventilación y aspersión en sala de ordeñe y en zonas de comederos, manejo de los horarios de ordeñe y comidas. También es posible gestionar las dietas para amortiguar el impacto negativo del calor (uso de grasas bypass, dietas frías, etcétera).

Trabajos recientes realizados en Uruguay han demostrado beneficios del uso de sombras y otras alternativas de manejo contra el estrés calórico en zonas templadas, resultando en aumentos de producción del orden de los 2 a 5 litros/vaca/día, dependiendo del momento de la lactancia.

Además, existen otros beneficios, más difíciles de cuantificar, como una mejor inmunidad, mejores índices de preñez y menor tasa de descarte. Se estima que se necesitan aproximadamente entre 3,5 y 4,5 m2 de sombra por animal (artificial) y el techo o altura no debe ser inferior a los 3,5 metros para permitir una ventilación adecuada.

El mojado previo al ordeñe es otra de las estrategias con alto impacto en los sistemas productivos. La recomendación es combinar ciclos de mojado con ciclos de ventilación forzada.

Con el mojado los animales pierden calor en contacto con el agua mientras que durante el ciclo de ventilación la humedad se disipa. El enfriamiento puede realizarse previo al ordeñe y un periodo de 45 minutos es suficiente para disipar el calor.

En zonas con alta humedad relativa lo aconsejable es que el tamaño de gota durante la aspersión sea lo suficientemente grande para mojar el animal. Caso contrario se produce el efecto adverso ya que se carga el ambiente con mayor humedad, desmejorando aún más el ambiente.

Otras recomendaciones importantes son evitar mover los animales durante las horas de más calor, atrasar el ordeñe de la tarde, encerrar los animales en lugares con sombra y frescos durante el ordeñe de la mañana y la tarde, además, por supuesto, de ofrecer agua en forma abundante.

Desde el punto de vista de la dieta, existen algunos detalles a tener en cuenta. El uso de dietas frías puede ser una estrategia interesante aunque con resultados contradictorios. Estas dietas se caracterizan por el menor grado de fermentación ruminal, lo cual disminuye el calor de digestión.

El uso de grasas bypass o el menor grado de procesamiento de los granos son alternativas válidas. Otra cuestión a tener en cuenta es ajustar los niveles de potasio de la dieta, ya que gran parte de este nutriente se pierde durante la sudoración. Pero, sin duda, uno de los aspectos más importantes es presentar una dieta consistente en calidad composicional y mezclado homogéneo, tratando de disminuir al máximo la capacidad de selección por parte de los animales.

 

Informe de Alejandro Palladino, coordinador técnico de la Comisión de Lechería de CREA, y Gonzalo Tuñón, de INIA La Estanzuela

http://www.lanacion.com.ar

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