La empresaria Alejandra Vázquez advirtió que la desaceleración del consumo afecta a supermercados. El redireccionamiento de saldos exportables hacia las góndolas locales presiona los precios a la baja en un escenario recesivo.
La industria láctea ha ingresado en un ciclo de desaceleración y reacomodamiento que frena el optimismo alcanzado durante el pasado año. La combinación de un mercado interno deprimido en sus dos principales canales comerciales y un frente externo condicionado por barreras sanitarias e inestabilidad geopolítica dibuja un panorama complejo, en el cual los especialistas advierten que la normalización total del sector demandará tiempo e inversiones estructurales.
En diálogo con la prensa, la empresaria industrial Alejandra Vázquez describió con crudeza la realidad del mostrador: “La demanda no está muy… no hay mucha demanda, está bastante tranquilo lo que es las ventas”. Según detalló la ejecutiva, esta retracción en los volúmenes de salida no discrimina canales, golpeando por igual a las grandes cadenas de supermercados y al sector gastronómico (Horeca), un termómetro clave para el segmento de quesos blandos y barras.
El efecto pinza: Trabas sanitarias y sobreoferta interna
Uno de los factores más críticos de la actual coyuntura radica en las dificultades que enfrentan los saldos exportables de las usinas lácteas. De acuerdo con Vázquez, el frente externo se encuentra semi-paralizado debido a un problema sanitario vinculado a una bacteria que interrumpió los flujos de despachos hacia mercados internacionales clave.
A este contratiempo biológico se suma una coyuntura macro global desfavorable: “Toda la situación geopolítica no ayudaría al sector lácteo”, enfatizó. Como consecuencia directa de estos bloqueos comerciales y conflictos internacionales, los volúmenes de leche en polvo y derivados que estaban originalmente indexados para el comercio exterior terminaron volcándose de manera forzosa al mercado interno argentino. Este fenómeno generó un excedente de oferta sobre una demanda doméstica ya debilitada por la pérdida de poder adquisitivo, incrementando la presión competitiva y erosionando los márgenes de rentabilidad de los procesadores.
La reconversión pyme y las exigencias internacionales
Vázquez desmitificó la inmediatez del comercio exterior, recordando que una empresa no puede comenzar a exportar de la noche a la mañana. El acceso al mercado mundial exige el cumplimiento estricto de protocolos de calidad, trazabilidad total desde el tambo y adecuaciones de infraestructura fabril, demandas que imponen un fuerte requerimiento de capital para las pymes.
Respecto al demorado acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, la empresaria lo calificó como un vector de largo plazo positivo: “Todo lo que sea ayudas para exportar viene bien”. No obstante, remarcó que las ventajas comparativas naturales que posee la región en materia agroganadera deben ser acompañadas por un proceso de reconversión técnica en los tambos para satisfacer los exigentes estándares higiénico-sanitarios del Viejo Continente.
Estacionalidad de invierno e inversiones en marcha
Pese a las luces de alerta en el consumo masivo, la lectura de las pymes lácteas conserva un matiz de optimismo moderado de cara al segundo semestre del año. Históricamente, la llegada de las bajas temperaturas invernales dinamiza de forma estacional el consumo de quesos y platos estructurados sobre base láctea, lo que podría traccionar los stocks acumulados.
“Hay muchas empresas pymes que estamos haciendo todos los deberes y todas las inversiones para poder salir a vender al mundo”, concluyó Vázquez, ratificando que el norte estratégico de las usinas medianas sigue siendo la diversificación de mercados para romper la dependencia exclusiva de la economía doméstica.
Fuente: Perfil














































