La caída del precio en origen, el atraso frente a la inflación y la brecha con mercados como Uruguay, Brasil y la Unión Europea explican por qué Argentina se ubica entre los valores más bajos a nivel global.
La pérdida de valor frente a la inflación y la sobreoferta mundial presionan los ingresos de los productores, que hoy cobran muy por debajo de sus pares internacionales, profundizando la brecha competitiva de Argentina en el mercado global.
La producción primaria atraviesa un fuerte deterioro en su ecuación económica. En los últimos meses, el precio recibido en el tambo mostró una caída sostenida en términos reales, con aumentos que quedaron muy por detrás de la inflación. Este desfasaje no es coyuntural: expone un problema estructural que combina distorsiones internas con un escenario internacional más exigente.
Según datos relevados por el consultor Mauro Gorgerino, en enero de 2026 el valor se ubicó en torno a 478 pesos por litro, lo que implica una caída del 19% frente a los valores constantes de 2025 y 2024. En el último año, el ajuste fue de apenas 7,7%, muy por debajo del 32,4% que avanzó el índice de precios al consumidor.
El deterioro también se refleja en el poder de compra: con un litro se podían adquirir solo 1,72 kilos de maíz, lejos del promedio histórico de 2 kilos. Esta pérdida de relación insumo-producto impacta directamente en la rentabilidad del tambo, cada vez más ajustada y dependiente de la eficiencia productiva.
En el plano internacional, la brecha es aún más marcada. A fines de 2025, el precio en Argentina rondaba los US$0,32 por litro, muy por debajo de Uruguay (US$0,42), Brasil (US$0,36), Estados Unidos (US$0,41) o la Unión Europea (US$0,58). Incluso Nueva Zelanda y China se ubican por encima, consolidando a Argentina en el nivel más bajo entre los principales jugadores globales.
El escenario responde, en parte, al aumento de la producción registrado en 2025 y a un contexto global de mayor oferta, pero también deja al descubierto limitaciones propias de la cadena local. En este contexto, los ingresos en el tambo no logran sostenerse frente al avance de los costos ni a la dinámica inflacionaria.
El resultado es un patrón cada vez más claro: Argentina produce más, pero captura menos valor. Un equilibrio frágil que no solo condiciona la sustentabilidad del tambo, sino que también pone en discusión el posicionamiento del país en el negocio lácteo internacional.
Fuente: La Nación

















































