Tras vender sus acciones en La Serenísima, el empresario exige declarar la actividad como economía regional y asegura que la producción nacional podría duplicarse rápidamente.
De ninguna manera, el contexto económico puede transformarse en una justificación.
El problema es injustificable.
Es cierto que producir leche bajo una estructura donde más del 30% del resultado económico puede quedar condicionado por la marginalidad y donde la cadena enfrenta una elevada presión impositiva, incluyendo una carga relevante sobre productos finales y una estructura tributaria que muchas veces queda desalineada respecto de otros sectores agropecuarios, genera tensiones y dificultades adicionales para toda la actividad.
Pero ninguna presión económica habilita a resignar calidad, inocuidad o responsabilidad.
Necesitamos decirlo con claridad: recibir o procesar leche que no cumple con estándares sanitarios no puede ser una herramienta ni una salida.
Hay temas que debemos poner sobre la mesa y discutir abiertamente.
Uno es el de los inhibidores en leche:
residuos de antibióticos que pueden permanecer cuando no se respetan protocolos sanitarios, tiempos de retiro y controles adecuados.
Otro es el de las micotoxinas, y particularmente el riesgo asociado a las aflatoxinas, donde determinados contaminantes presentes en la alimentación animal pueden transformarse y expresarse como Aflatoxina M1 en leche.
No se trata de generar alarma.
Se trata de generar conciencia.
Son conceptos que merecen ser conocidos, estudiados y controlados porque están directamente vinculados con la confianza del consumidor y con la calidad del alimento que entregamos.
Como personas, como productores, como transportistas, como industria y como sector, tenemos una responsabilidad que va mucho más allá de la rentabilidad.
La leche tiene propiedades nutricionales extraordinarias y justamente por eso, debemos ser todavía más exigentes con aquello que no queremos que llegue al consumidor.
La competitividad no puede construirse resignando inocuidad.
El desafío es producir más, producir mejor y hacerlo con controles, tecnología, prevención y responsabilidad.
Porque cuando hablamos de alimentos, hay una línea que no deberíamos cruzar, ninguna dificultad económica puede justificar prácticas que comprometan la confianza, la salud y el respeto por las personas.
Portal Lechero















































