La gestión del descarte deja de ser una decisión operativa y pasa a ser una herramienta clave del negocio: genética, reproducción y cruzamientos con carne permiten transformar un costo en una nueva fuente de ingresos en el tambo
En los tambos modernos, una de las decisiones más sensibles empieza a cambiar de lógica. El descarte de vacas, históricamente ligado a la observación y la experiencia diaria, comienza a consolidarse como una herramienta estratégica para mejorar la rentabilidad del sistema.
“Durante mucho tiempo, las decisiones se tomaron mirando la vaca y confiando en la experiencia del operario. Hoy eso no alcanza”, advierte el especialista en ciencia animal Albert De Vries, quien participará de las Jornadas Lecheras Nacionales 2026 en la Sociedad Rural de San Francisco, en el marco de TodoLáctea 2026.
El nuevo enfoque apunta a cuantificar el valor económico de cada animal, integrando variables productivas, reproductivas y genéticas. Se trata de pasar de decisiones intuitivas a un modelo basado en datos y proyecciones, donde cada vaca se evalúa por su aporte real al negocio.
En ese esquema, el uso del índice Mérito Neto (Net Merit) cobra protagonismo como herramienta para definir qué animales deben generar reemplazos y cuáles no. La lógica es concentrar la reproducción en las vacas de mayor valor, acelerando el progreso genético del rodeo.
En la práctica, esto se traduce en el uso estratégico de semen sexado en vaquillonas y vacas de primera lactancia (las de mejor desempeño), asegurando que las futuras generaciones tengan mayor potencial productivo y económico.
Beef on Dairy: cuando el descarte genera ingresos
Uno de los cambios más relevantes es la incorporación del modelo Beef on Dairy dentro del planteo lechero. La clave está en aprovechar la diferencia de valor entre un ternero macho lechero y uno proveniente de cruzamientos con razas de carne.
Esa brecha de precios impulsa una estrategia clara: inseminar con semen de carne a las vacas de menor mérito genético, evitando generar reemplazos de bajo valor y transformando un subproducto en una fuente adicional de ingresos.
La decisión, sin embargo, no es únicamente genética. La fertilidad de cada vaca juega un rol determinante. En animales con menor probabilidad de concepción, el uso de semen sexado puede implicar un mayor riesgo económico, mientras que el semen de carne (con mejores tasas de preñez) aparece como una alternativa más eficiente.
De esta manera, cada servicio se evalúa también desde el costo de oportunidad, sumando una mirada económica a la toma de decisiones reproductivas.
Ajustar el rodeo: el costo de producir más de lo necesario

Otro de los puntos críticos es el manejo del stock de reemplazos. En muchos sistemas, la producción de vaquillonas supera las necesidades reales del tambo, generando un impacto negativo en el flujo de caja.
El exceso de animales en recría implica inmovilizar recursos en categorías que no generan ingresos inmediatos. Por eso, el desafío pasa por calcular con precisión cuántas terneras se necesitan, considerando pérdidas como abortos, mortandad neonatal y animales que no llegan al parto. No alcanza con proyectar nacimientos: es necesario dimensionar todo el sistema para definir cuántas preñeces lecheras buscar.
Sobre estos conceptos, y otros como el ajuste del sistema en tiempo real, el impacto oculto de la consanguinidad y flujos de caja, serán abordados por el experto en el marco de las Jornadas Lecheras Nacionales, evento que propone el siguiente programa de charlas, con presencia de conferencistas nacionales y extranjeros, a desarrollarse durante las dos primeras jornadas de TodoLáctea en el auditorio principal “Jorge Chemes”.
Fuente: https://news.agrofy.com.ar/















































